Reflexiones.

Estimado lector.

Alguna vez has sentido la necesidad de dedicarte a otra cosa que no sea tu ocupación habitual?
O estudiaste algo que no era lo que te gustaba y por necesidad de subsistir tuviste que hacerlo?

Una u otra situación se dan con más frecuencia de lo que uno supone.  En lo personal te diré que yo estudié lo que quería y eso me ha dado muchas satisfacciones.  Muchas personas exitosas, triunfaron precisamente después de dedicarse a ese segundo oficio.  A mi me gusta escribir, y se que para llegar a ser un buen escritor, se necesita una mezcla bien balanceada de talento y dedicación.
Tal vez nunca llegue a lograrlo, pero si no lo intento nunca lo sabré.

Por ahora, pienso dedicarme a escribir cuando me jubile, aunque faltan muchos años para eso.

A ti te diré, que si no has dado el primer paso para dedicarte a lo que a ti realmente a ti te gusta, hazlo ya recuerda que un largo viaje comienza con el primer paso.

Adelante, y, en un tiempo me gustaría saber como te fue.  Tal vez, yo esté postergando mi deseo, pero por ahora también tengo otra pasión que consume mi tiempo que es el ajedrez.  En fin, buena suerte.

Hasta la próxima.

El padre sin cabeza.

El golpe fue seco, brutal.  El santo salió disparado por los aires y se estrello contra el suelo, levantando una polvareda.  Las gallinas cacareaban asustadas, los aldeanos corrian a indagar que sucedia.   El borracho trastabillo lanzando sus imprecaciones contra el mundo, se fue de lado y cayo sobre unas ollas de fresco, mientras resonaban las campanas que anunciaban el inicio de la misa.  Inmediatamente se levanto una polvareda enceguecedora, que termino de enturbiar aquel aciago domingo.

-Agarrenlo, agarrenlo, gritaron las mujeres enardecidas, mientras  sus caras irradiaban un velo de misterio.  Un par de policías que pasaban por la zona, al mejor estilo de Pensacola, se lanzaron tolete en manos sobre el tambaleante borracho, lo derribaron, y se sentaron a horcajadas sobre el amenazadoramente.

 

-Se dan cuenta que no me hicieron nada? Gritaba el borracho desafiante.

El padre Antonio, miraba atónito lo que sucedia... Aquella trágica historia apenas comenzaba...


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El borracho tenía por nombre Changuito, su piel curtida por el sol era la estampa de los años que le habían pasado por encima.  Vestía andrajoso y miraba hoscamente.  Vio venir al padre Antonio impecablemente vestido, y con un semblante serio y amenazador.
Una vez que estuvo a su lado, el sacerdote a la mejor usanza antigua, lanzo unas imprecaciones en latín, que más reprimenda parecían una maldición.
Los policías levantaron en vilo a Changuito, y, lo llevaron a la Comisaría para que sudara su borrachera.  A lo lejos un par de zopilotes zigzagueaban en círculos concéntricos como presagiando la presencia de la parca.
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Con el pasar de los meses, Changuito, comenzo a notar como sus vacas morían irremediablemente y perdía todas sus cosechas.Su hija adorada huyo de la casa con un malnacido. Su semblante denotaba que la preocupación le carcomía las entrañas y sus juergas y borracheras eran más frecuentes.  Las palabras del padre Antonio habían sido realmente una sentencia inaplazable contra sus continuos desmanes o era que el destino le estaba jugando una mala pasada?
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Aquella noche la luna colgaba plácidamente a la par del enorme roble que franqueaba la entrada a la Iglesia.  El padre Antonio en su oficina leía ayudado por una vela cuya flama era mecida por la brisa que daba a su ventana.  De repente, se pinto una sombra sobre la pared que se estiraba y parecía no tener fin.  El sujeto, machete en mano, se avalanzó detrás del padre Antonio y de un solo golpe le cercenó la cabeza.  La sangre brotó a borbollones y dejo la rúbrica de la muerte sobre la alfombra.  El asesino tomo su tiempo para limpiar el machete, y abandono sigiloso aquel sitio mientras lo perros ladraban enfurecidos.
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Quisieron culpar a Changuito del crímen, pero esa noche, se encontraba en otro pueblo enzarzado en una trifulca producto de una de sus habituales borracheras.  Con el pasar de los años, su salud desmejoro apreciablemente, y, un día lo encontraron muerto en el jardín de su casa.  En sus manos sostenía el rosario del Padre Antonio.

Desde entonces...en aquel pueblo de Lajuela...dicen que por las noches sale el espectro del padre sin cabeza mientras repican las campanas, sin que nadie se atreva a pasar por aquel recóndito lugar...

Acerca de laguil07

Narraciones, poesia, temas varios.

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